Compartir:

La Escuela de Defensoras visita la UPC: un diálogo necesario sobre conflictos socioambientales

04/05/2026

Líderes sociales de Filipinas y Colombia compartieron en el campus Nord de la UPC con los estudiantes del Máster Universitario en Sostenibilidad y Estrategias para una transición global justa (MUSE) experiencias de resistencia frente a conflictos socioambientales globales.

En el marco de la quinta edición de la Escuela de Defensoras (21–29 abril), organizada por la International Action for Peace, el pasado 22 de abril varios líderes sociales visitaron el Máster Universitario en Sostenibilidad y Estrategias para una transición global justa (MUSE) en nuestro campus en Barcelona. Procedentes de distintas organizaciones de activismo ambiental de Filipinas y Colombia, compartieron realidades que, a pesar de la distancia geográfica, presentan profundas similitudes tanto en sus causas como en sus efectos.

¿Qué es la Escuela de Defensoras?

La Escuela de Defensoras se ha consolidado como un espacio internacional de referencia para el encuentro, la formación y el intercambio de experiencias entre personas defensoras de derechos humanos de diferentes territorios del mundo. Este proyecto reúne a personas defensoras que trabajan en contextos de alta conflictividad social y política, con el objetivo de fortalecer sus capacidades, tejer redes de solidaridad internacional y visibilizar las múltiples formas de defensa de la vida, el territorio y los derechos fundamentales. A lo largo de sus cuatro ediciones anteriores, la Escuela ha conectado experiencias de países como Colombia, Filipinas, Brasil, Palestina, la República Democrática del Congo o Kurdistán, abordando temas clave como la justicia climática, los derechos culturales o los procesos de paz.

En un contexto de crisis multiescalar, las propias contradicciones de nuestro sistema económico, social y cultural canibalizan los recursos de los cuales depende. Pero esta canibalización no es igual para todos, sino que el Norte Global se ha beneficiado históricamente de la expropiación y explotación de los recursos naturales y la mano de obra del Sur Global. Estas dinámicas atentan contra los derechos humanos y destruyen múltiples formas de vida, así como la posibilidad de vivir con dignidad en muchos rincones del mundo.

Esta perversa situación, entrelazada con los contextos políticos de cada región, genera una serie de conflictos a múltiples niveles que resulta imprescindible comprender en profundidad.

Conocer sus implicaciones locales nos permite revelar en el imaginario colectivo todas las vertientes de un problema que, lejos de ser puramente "climático", destapa la interconexión entre lo que comúnmente se entiende bajo el paraguas de la "ecología" y otros ámbitos, como la economía, la cultura o la política.

🇵🇭 Filipinas: La paradoja del hambre en el paraíso de los recursos

La sesión se inicia con el testimonio de Ariel Casilao, presidente nacional de la Unión de Trabajadores Agrícolas (UMA), presidente del partido campesino y obrero Anakpawis, y miembro del Consejo de Administración del Consejo para el Desarrollo y la Gobernanza de los Pueblos (CPDG). Ariel expone una realidad filipina tan cruda como asfixiante.

El archipiélago del sudeste asiático posee una inmensa riqueza en recursos y capacidad de producción: materias primas, metales, energía solar, suelos fértiles y amplias reservas hídricas. Sin embargo:

90% de la población filipina vive bajo el umbral de la pobreza 1% de la ciudadanía concentra y aumenta su capital de forma excluyente

¿Cómo se explica esta brecha? Ariel lo resume de forma contundente:

"Los filipinos trabajan tierras que no poseen"

Grandes corporaciones extranjeras, aliadas con una élite terrateniente local, explotan el territorio bajo las lógicas del mercado global. Este escenario despoja a la ciudadanía de cualquier agencia sobre sus propios recursos; una estructura de desposesión que, sumada a la coyuntura política y el peso histórico del país, deja un margen nulo para la libertad y la dignidad.

"Hungry & Angry": Cuando comer es un acto político

Bajo el lema "Filipinos are hungry & angry", las comunidades reivindican la precariedad extrema de un sistema donde las familias no pueden costear los elementos más básicos para su subsistencia. Asociaciones como la UMA o el CPDG luchan por lo que debería ser un derecho elemental: la posibilidad de una vida digna.

No obstante, esta defensa se topa con la represión estatal. La prohibición de la organización ciudadana y sindical ha derivado en la catalogación de estos colectivos como "terroristas". Esta etiqueta funciona como una herramienta de legitimación para ejercer una violencia brutal y perseguir a activistas ambientales, abogados y periodistas que arriesgan su vida en defensa de la tierra.

Exportar azúcar, importar arroz: El absurdo de la inseguridad alimentaria

La soberanía alimentaria en Filipinas es hoy una contradicción dolorosa. A pesar de tener capacidad para alimentar a su población, las políticas gubernamentales han desmantelado el ciclo de producción local. El arroz, pilar de la gastronomía filipina, ha sido desplazado por cultivos de exportación que no se consumen en el territorio.

La regresión es alarmante: el país que en los años 90 era un gran exportador de arroz es hoy el principal importador mundial. En definitiva, la agricultura local se vuelca en alimentar a otros territorios mientras el país se ve obligado a comprar fuera lo que necesita para no morir de hambre.

"Producimos plátanos, piñas y azúcar para Oriente Medio, pero no producimos nuestra propia comida" — Ariel Casilao

El lado oscuro de las renovables: ¿Sostenibilidad para quién?

Cathleen Degz de Guzman, coordinadora nacional de Kalikasan (PNE), revela la cara oculta de los proyectos que, bajo el sello de la sostenibilidad, ocultan dinámicas extractivistas. En Filipinas, la proliferación de presas hidráulicas, plantas fotovoltaicas y parques eólicos está dejando un rastro de devastación ambiental.

Estas intervenciones no solo degradan el entorno, sino que implican la erradicación violenta de las comunidades locales. Los habitantes de estos territorios son perseguidos, asesinados o, en el mejor de los casos, desplazados forzosamente. Cathleen es tajante: el problema no es el desarrollo verde, sino la propiedad y el beneficio. ¿Quién posee la energía?

La realidad es que este mercado solo beneficia a ese 1% dominante, mientras el 99% restante sufre las consecuencias: sequías, contaminación de suelo, aire y mar, y una represión estatal sistemática.

"La verdad no se encuentra en las aulas, sino en las calles, en las granjas y en las fábricas. Vayan a verlo ustedes mismos." — Cathleen Degz de Guzman

🇨🇴 Colombia: La lucha campesina frente a la ofensiva del capital global

En la siguiente fase de la sesión, viajamos a 17.000 kilómetros del sudeste asiático para aterrizar en Colombia. Guillermo Antonio Quintero, miembro de la Asociación Campesina del Catatumbo (ASCAMCAT), nos acerca a la realidad de esta región fronteriza con Venezuela.

El nombre "Catatumbo" proviene del ingenio indígena y significa "la casa del trueno", en honor a su fenómeno natural único. Sin embargo, esta riqueza simbólica y natural convive con una amenaza constante: la abundancia de petróleo, carbón y recursos hídricos ha convertido al territorio en un botín para intereses ajenos.

En paralelo, desde Antioquia y la cordillera de los Andes, Luis Francisco González Cabrera, activista en la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra - Red Agroecológica Nacional, expone la lucha por proteger áreas vitales como la Serranía de San Lucas. Su exigencia es clara: un aumento de las "Zonas de Reserva Campesina (ZRC)". No es solo una petición de tierras, es una demanda de soberanía para que quienes habitan el suelo sean quienes decidan sobre su futuro, frenando la expansión de industrias que operan bajo una lógica de maximización de beneficios por encima del derecho a la vida.

¿Cuáles son estas problemáticas?

1

Petróleo y carbón: Un territorio cedido al extractivismo

En el caso del Catatumbo, actualmente, el 80% del territorio está cedido a empresas extranjeras para la extracción de crudo. A esto se suma la mayor reserva de carbón de Latinoamérica. En municipios como Cantagallo, la población soporta más de un siglo de explotación petrolera ininterrumpida.

Esta entrega masiva de suelo a manos privadas no es solo un dato económico; es un peligro directo para la supervivencia. Al dejar la gestión en manos de corporaciones externas, se anula la capacidad de las comunidades locales para proteger su entorno. El resultado es una dinámica depredadora donde el beneficio sale del país y la devastación ambiental se queda en casa. El impacto ambiental de estas actividades extractivistas es muy grave en sí mismo, pero se agrava aún más cuando el control local es tan limitado.

2

La fiebre del oro: Minería, descontrol y conflicto armado

Esta área y sus alrededores sufren un intervencionismo feroz por la extracción de minerales, especialmente el oro. La industria del oro, y el enorme beneficio económico que genera para unos pocos, se entrelaza en Colombia con un conflicto armado interno que se prolonga desde hace décadas, dejando más de 10 millones de víctimas y millones de desplazados o en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Una de las derivadas de esta situación explosiva es que la extracción minera se desarrolla en un escenario de absoluto descontrol, sin ningún tipo de gestión ambiental ni política. El resultado son áreas enteras con escasez de agua, contaminación severa de suelo y aire, y una pérdida de biodiversidad que atenta directamente contra la vida de la ciudadanía, exponiéndola a niveles críticos de precariedad y a una violencia que proviene de múltiples frentes.

3

Agricultura: Cultivos al servicio del mercado global

Otra casuística nace de los tipos de cultivos que se han implantado en la zona como respuesta a las tendencias de mercado globales que poco tienen que ver con las necesidades del país de origen.

Estamos hablando del conocido aceite de palma, el cual requiere extensas superficies de plantaciones dedicadas a las hojas de palma africana, muy perjudiciales para el entorno natural colombiano (con evidentes diferencias climatológicas respecto al continente africano).

Por otro lado, es ya conocida la existencia de plantaciones de producción de uso ilícito, también supeditadas a las relaciones entre grupos armados, empresas privadas y gobiernos estatales con distintos intereses y capacidades de ejercer presión entre unos y otros.

Estas plantaciones, principalmente de hoja de cocaína y algunas de amapola, suponen otro foco más de cronificación de la violencia inter e intraestatales, que acaban perjudicando al último eslabón de la cadena de poder: el campesinado y la ciudadanía de la región.

"Ya sabemos todo lo que implica el narcotráfico..."

4

Control territorial y represión de la libertad

Guillermo expone la represión sistemática que sufren sus pueblos: desde toques de queda a las 18:00h hasta la prohibición expresa de cualquier forma de organización campesina que intente mejorar la situación de su tierra.

Pese a este cerco, el campesinado y las comunidades se mantienen organizados desde finales de los 90, luchando a diario para revertir un sistema que prioriza el beneficio económico de una minoría a costa de la vida de las personas, los animales y el entorno material del cual todos dependen.

No podemos cerrar esta crónica sin expresar nuestro más profundo agradecimiento a las y los líderes sociales que, en el marco de esta Escuela de Defensoras, han cruzado océanos para compartir sus testimonios en nuestro campus. Su presencia en el MUSE no ha sido solo una lección académica, sino un recordatorio movilizador de que la sostenibilidad no es un concepto técnico, sino una lucha política por la dignidad. Escuchar sus realidades en Filipinas y Colombia nos obliga a mirar de frente las heridas de un sistema depredador, pero también nos regala la esperanza de su resistencia. Ustedes no solo son referentes de valentía en contextos de extrema hostilidad; son el motor y la motivación absoluta para que, desde la academia y el activismo, sigamos trabajando por ese futuro más justo, humano y habitable que todos merecemos.

Gracias por enseñarnos que defender la tierra es, en última instancia, defender la posibilidad de un futuro.